La porfiria cutánea tarda (PCT) es el tipo más frecuente de porfiria, que afecta la piel, de manera predominante. Se debe a una deficiencia adquirida o heredada en la actividad de la enzima uroporfirinógeno decarboxilasa hepática. La PCT puede ser adquirida o familiar (Tipo 1; 20 % a 25% de los casos) y hereditaria o esporádica (Tipo 2; 75 % a 80% de los casos).
Descripción clínica y etiología. En la PCT 1 no hay una predisposición genética y la deficiencia de descarboxilasa queda limitada al hígado, y se adquiere por el aumento del estrés oxidativo en los hepatocitos, con una mayor oxidación de uroporfirinógeno a uroporfirina y la formación del inhibidor uroporfometeno. La PCT 2 es un trastorno heredado en forma autosómica dominante con penetrancia limitada, y la deficiencia se produce en todas las células, como los eritrocitos. Puede manifestarse desde la infancia. Los factores de susceptibilidad son el consumo de alcohol, el tabaquismo, el uso de estrógenos, e infecciones por virus como el de la hepatitis C y el VIH. Estos factores afectan la enzima UROD y aumentan las porfirinas hepáticas, que son tóxicas para la piel. Se caracteriza por lesiones ampollares en zonas fotoexpuestas, cicatrización y cambios de pigmentación. Los pacientes suelen presentar prurito, alopecia o hirsutismo y riesgo de sobreinfección.
El diagnóstico se basa en la identificación de síntomas clínicos específicos. En personas sanas, la piel frágil y las lesiones ampollares sugieren una porfiria cutánea tarda. Se deben realizar pruebas de laboratorio para determinar los niveles de porfirinas y evaluar la función hepática. Si bien todas las porfirias cutáneas producen un aumento de las concentraciones plasmáticas de porfirinas, las concentraciones urinarias elevadas de uroporfirina y heptacarboxilporfirina y el aumento en la concentración fecal de isocoproporfirina indican la probabilidad de una porfiria cutánea tarda. Algunos pacientes tienen mutaciones en el gen de hemocromatosis.
El diagnóstico diferencial incluye condiciones que causan síntomas similares, sin elevación de porfirinas, como la seudoporfiria, que puede ser provocada por medicamentos, insuficiencia renal, o radiación UVA.
El tipo 2 de PCT es un trastorno autosómico dominante. Por lo tanto, es importante asesorar a los pacientes y sus familias sobre los riesgos genéticos y la posibilidad de pruebas genéticas para otros miembros de la familia.
Es fundamental diferenciar las porfirias cutáneas porque el tratamiento es diferente. La porfiria cutánea tarda tiene buena respuesta a flebotomía para reducir el hierro hepático, ya que se sabe que la ferritina aumenta el inhibidor de la enzima. En los pacientes que no tienen el hierro aumentado (ferritina menor a 100), el tratamiento es la hidroxicloroquina que tiene un mecanismo sobre la disminución de las porfirinas. Se deben evitar los factores desencadenantes, y siempre evitar la exposición al sol. En casos de infección por hepatitis C, el tratamiento antivírico puede llevar a la remisión de la PCT.
El pronóstico generalmente es bueno si se evitan los factores sensibilizantes y se sigue el tratamiento adecuado. Sin embargo, un 35% de las personas pueden padecer problemas hepáticos crónicos, como la cirrosis, y en raras ocasiones, cáncer de hígado.