La porfiria aguda intermitente (PAI) es la porfiria aguda más frecuente y el 90 % de los casos es en mujeres. Se caracteriza por la deficiencia parcial de la actividad de la enzima porfobilinógeno desaminasa (también conocida como hidroximetilbilano sintasa), lo que conduce a la acumulación inicial de ácido aminolevulínico y porfobilinógeno en el hígado.
Esta enfermedad se hereda como un rasgo autosómico dominante y tiene baja penetrancia dado que en la mayoría de los de los portadores de una mutación en el gen HMBS es asintomática. Se manifiesta clínicamente a partir de factores desencadenantes que provocan crisis agudas.
Los síntomas de la PAI pueden variar, suelen progresar en días y durar de días a semanas. El síntoma más frecuente es el dolor abdominal que puede ser intenso. Otros síntomas consisten en náuseas, vómitos, estreñimiento, confusión mental, fatiga, depresión, ansiedad, y síntomas neurológicos como debilidad muscular y convulsiones. Las crisis suelen ocurrir después de la pubertad, y los factores exacerbantes incluyen fármacos (anticonceptivos orales, antiepilépticos, anestésicos, antibióticos del grupo de las sulfonamidas), dieta baja en carbohidratos, consumo de alcohol y tabaco, infecciones y estrés emocional. La PAI es conocida por simular otras enfermedades, lo que complica su diagnóstico.
El diagnóstico se realiza principalmente mediante análisis de orina, donde se observan concentraciones elevadas de precursores de la porfirina durante las crisis. El laboratorio puede revelar hiponatremia. Los síntomas neurológicos y gastrointestinales pueden confundirse con otros trastornos, por lo que el análisis de orina es clave. En una mujer joven, la tríada convulsiones, dolor abdominal e hiponatremia es muy sugestiva de porfiria.
Por la variedad de síntomas, la PAI se debe considerar en el diagnóstico diferencial de enfermedades gastrointestinales, neuropatías y afecciones que causan hiponatremia.
Por la variedad de síntomas, la PAI se debe considerar en el diagnóstico diferencial de enfermedades gastrointestinales, neuropatías y afecciones que causan hiponatremia.
Dado su patrón de herencia autosómico dominante, es importante que las personas afectadas y sus familias reciban asesoramiento genético.
El tratamiento de la PAI se centra en el abordaje de los síntomas y la prevención de crisis. Esto incluye evitar desencadenantes conocidos como ciertos medicamentos, alcohol, y estrés. El tratamiento específico con hemina puede ser necesario en las crisis agudas. Además, se pueden utilizar medicamentos para controlar los síntomas como el dolor abdominal. Es importante asegurarse de que no se ingiere ninguno de los fármacos que desencadenan una crisis y, si es posible, tratar otros factores que puedan haber contribuido.
El pronóstico varía. Algunas personas experimentan pocas crisis en su vida, mientras que otras pueden tener ataques recurrentes. El abordaje temprano y el tratamiento adecuado son clave para prevenir complicaciones a largo plazo como debilidad muscular persistente, hipertensión arterial, enfermedad renal crónica, cirrosis y tumores hepáticos.