La porfiria variegata (PV) es un trastorno metabólico genético poco frecuente causado por la deficiencia de la enzima protoporfirinógeno oxidasa (PPO o PPOX), que conduce a la acumulación de porfirinas y precursores de porfirinas en el cuerpo, y que se caracteriza por la aparición de crisis neuroviscerales con o sin la presencia de lesiones cutáneas. Se puede manifestar en la adolescencia o adultez temprana, más en mujeres.
La PV es una forma de porfiria hepática, donde el hígado acumula protoporfirinógeno y coproporfirinógeno por la deficiencia de la enzima PPOX, que se debe a mutaciones en el gen PPOX que codifica para PPOX.. Esto causa fotosensibilidad y que se presenten síntomas neurológicos asociados a la acumulación de precursores de porfirina, específicamente el ácido delta-aminolevulínico (ALA) y el porfobilinógeno (PBG). En más de la mitad de los casos, las lesiones cutáneas son el único signo que se manifiesta, producto de la fotosensibilidad (fotodermatitis ampollosa). Estas lesiones ampollosas predominan en las zonas expuestas al sol (manos, cara) y provocan distintos grados de dolor con cicatrices e hiperpigmentación. Algunos pacientes presentan tanto lesiones cutáneas como crisis neuroviscerales, y otros, únicamente crisis neuroviscerales. Las crisis pueden persistir varias semanas con dolor abdominal intenso y síntomas neurológicos que afectan el sistema nervioso central y el sistema nervioso periférico, y manifestaciones psixológicas (irritabilidad, depresión, ansiedad).
El diagnóstico de la PV se basa en los síntomas, la evaluación clínica y en la evidencia de concentraciones elevadas de PBG y ALA en la orina y de coproporfirina y protoporfirina en las heces. Las pruebas genéticas también son importantes para confirmar el diagnóstico y para el asesoramiento genético.
Dado que los síntomas de la PV pueden variar y ser similares a otras condiciones, es importante realizar un diagnóstico diferencial con otras formas de porfiria y trastornos que presenten síntomas neurológicos o cutáneos similares.
La PV se hereda de manera autosómica dominante con penetrancia reducida. Cada hijo de una persona con PV tiene un 50 % de probabilidad de heredar la variante patogénica. Es importante la evaluación genética para identificar a los miembros de la familia en riesgo.
El tratamiento incluye evitar factores desencadenantes como ciertos medicamentos y alcohol, y proteger la piel de la luz solar. Las crisis agudas se pueden tratar con infusiones de hemina. Las crisis agudas neuroviscerales se pueden prevenir si se evitan los factores exacerbantes.
El pronóstico de la PV varía. Es posible que algunas personas no presenten síntomas notables durante toda su vida, mientras que otras pueden experimentar síntomas crónicos en la piel o crisis neurológicas agudas. La vigilancia regular, especialmente del hígado, es importante para detectar a tiempo complicaciones como el carcinoma hepatocelular.